COMETA

sábado, 24 de octubre de 2009

CUENTO "DUNGA Y EL GIGANTE QUE COMÍA A LOS NIÑ@S"



Había una vez una niña pequeña que se llamaba DUNGA y vivía con sus padres en una aldea cerca de la selva.

Un día su madre y su padre decidieron ir a trabajar en la granja de unos amigos que vivía en la aldea vecina, pero, Dunga no se quiso ir con ellos. Quería quedarse sola en la cabaña para seguir jugando.

Su madre muy preocupada por la idea de dejarla sola le hizo prometer que no abriría la puerta a nadie y le dijo:

Ten cuidado con el gigante que come a los niños. Cada día volveré a traerte la comida. Me reconocerás porque cantaré esta canción:


Mo bâa Dunga, mo mä gô tî âzo sô
Mira, Dunga, escucha la voz de esta gente
Ë dutï na mo, ë yë bîâ na mo o!
Vivimos contigo, te cantamos, ¡oh!
Mo bâa Dunga, mo mä gô tî âzo sô.
Mira , Dunga, escucha la voz de estas personas.
Ë dtuï na mo, ë sâra ngîâ na mo.
Vivimos contigo, jugamos contigo.
Na lâ nî sô mo gä na ndo tî ë
El día que viniste a nuestra casa
Mbï bâa gï mo, na mabôko tî mbï e!
No podía dejar de mirarte, tú en mis brazos, ¡eh!
Na lâ nî sô mo gä na ndo tî ë
El día que viniste a nuestra casa
Mbï dutï wâlï, mamâ tî mo ôko.
Yo me hice mujer, ¡tu única madre!

Dunga respondió:

- No te preocupes mamá. Haré todo lo que me has dicho. Ningún animal, ningún gigante podrá asustarme.

Les dijo adiós a sus padres y se quedó contentísima allí sola. Además, pensó, menuda tontería esa del gigante, ¡todo el mundo sabía que eran cuentos tontos!

La madre de Dunga le llevaba cada mañana la comida. Antes de llamar a la puerta de la choza cantaba la canción y Dunga le abría.

Pero el gigante, escondido tras los árboles de la selva, escuchó la canción y se la aprendió.

Un día llegó hasta la cabaña y cantó con su gran vozarrón. Dunga al oírle le gritó:

Vete, monstruo feo. Tú no eres mi madre porque tienes una voz grave y desafinada.

De esta forma el gigante volvió a la selva y allí ensayó y ensayó hasta cantar exactamente como lo hacía la madre de Dunga

Por ello cuando volvió a llamar a la puerta y cantó … Dunga al abrir la puerta se encontró al gigante mirándola fijamente… La agarró y se la llevó con él a su guarida en la selva.

-¡ Socorro, socorro! Gritaba la niña. Pero era de noche y nadie la oía, todo el mundo estaba demasiado lejos durmiendo.

Cuando al día siguiente la mamá vino a darle la comida y encontró la puerta de la choza abierta se imaginó lo que había pasado.

Avisó a su marido que fue a casa del jefe del poblado. Éste reunió a todos los hombres de la aldea y fueron todos juntos a la selva a buscarla.

Al hacerse de noche y no encontrarla todos se imaginaron lo peor…

Por suerte escucharon unos ruidos tremendos, eran los ronquidos del gigante que se había quedado dormido después del largo paseo con Dunga .

Entraron en la guarida del gigante y allí estaba la niña, llorando. El padre, sigilosamente, para no despertar al gigante, la liberó.

Recuerda hija mía, le dijo: a un niño que no escucha a sus padres no le escuchará nadie por mucho que grite.

Y dejaron al gigante durmiendo.

Yo no quiero ni imaginar su enfado al despertar y ver que no estaba allí Dunga.

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