COMETA

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sábado, 27 de noviembre de 2010

CUENTO " ARACNE"



Μια φορά κι έναν καιρό...o Érase una vez hace mucho, mucho tiempo, vivió Aracne, una joven famosa por su habilidad para tejer. Como todos la elogiaban, Aracne se convirtió en una muchacha muy orgullosa. Y por eso, un día, se atrevió a desafiar a Minerva, la diosa de las tejedoras.

- ¡Seguro que Minerva teje peor que yo! -dijo- ¡Me encantaría demostrárselo!

La diosa la escuchó y aceptó el desafío. El día señalado para la prueba, las dos se pusieron a confeccionar sus tapices. Cuando acabaron, Minerva vio el tapiz de Aracne y se enfureció, porque Júpiter, el padre de Minerva y jefe de los dioses, aparecía representado como una serpiente, junto a un árbol.

- ¡Esto es demasiado! -dijo la diosa, cansada de las ofensas de Aracne.

Entonces, la agarró por el pelo, la levantó del suelo y dijo:

- Aracne, te condeno a vivir para siempre suspendida en el aire, sin parar de tejer...

Inmediatamente, Aracne se convirtió en una araña, y desde entonces, teje y teje sin descansar, cumpliendo su condena.

viernes, 30 de julio de 2010

CUENTO "EL ORÍGEN DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS"


Μια φορά κι έναν καιρό...o Érase una vez hace mucho, mucho tiempo, existió en Grecia un héroe llamado Hércules. Un día iba caminando a orillas del río Alfeo, acompañado de sus cuatro hermanos, cuando de repente se dirigió a éstos y les dijo:

- ¿Quién de nosotros corre más deprisa?.

- ¡Yo!-contestaron los cuatro a coro.

- La mejor manera de saberlo es haciendo una carrera- dijo Hércules.

- ¿Y qué obtendría el ganador?- preguntó uno de los hermanos. Un plato de oro, un cinturón de plata, un escudo de bronce...

- Al vencedor - dijo Hércules- le corresponderá la gloria de haber ganado y... ¡UNA CORONA DE HOJAS DE AQUEL OLIVO!

Fue así como fijaron la longitud de la carrera con un sistema rudimentario: Hércules cogió un palo y dibujó en el suelo una marca por detrás de su talón izquierdo; luego, colocó el pie derecho de modo que el talón rozara la punta de los dedos del pie izquierdo, después avanzó el pie izquierdo, rozando con el talón la punta de los dedos del derecho, y así sucesivamente. Contó hasta seiscientos pies e hizo una marca en el suelo, justo por delante de sus dedos.

Los cinco se alinearon por detrás de la marca de salida. A lo lejos sonó un trueno, y el siguiente hizo las veces de pistoletazo de salida.

Hércules ganó la carrera y recibió la modesta corona de hojas de olivo. Desde aquel día, los Juegos Olímpicos conmemoran, cada cuatro años, esta carrera.

Durante siglos, en estos juegos, hombres y mujeres han competido y medido sus fuerzas respetando un código de honor: "QUE TODO EL MUNDO, ATLETA O SIMPLE ESPECTADOR, SE ENCAMINE HACIA OLIMPIA, SIN TEMER POR SU SEGURIDAD. CAMINA BAJO LA PROTECCIÓN DE LOS DIOSES".

Ése era el mensaje. Un mensaje de paz.

miércoles, 16 de junio de 2010

CUENTO "ARIÓN Y LOS DELFINES"

Hace mucho, mucho tiempo Arión era un cantante célebre en toda la antigua Grecia. Un día, fue a Sicilia para asistir a un concurso de canto. Se llevó todos los premios y, sus admiradores, lo llenaron de regalos.

Cargado de oro y joyas embarcó para regresar a Grecia pero los marineros le tenían mucha envidia y decidieron quedarse con todas sus riquezas y tirarlo al mar.

Arión suplicó por su vida:

- Por favor, os ruego que como última voluntad me dejéis cantar antes de morir.

Mientras Arión cantaba, los delfines se iban acercando al barco atraídos por la melodía. A punto estuvieron los marineros de dar marcha atrás y perdonarle la vida pues, los había cautivado con la belleza de su canto. Pero, la codicia pudo más y lo tiraron por la borda.

Arión fue rodeado por delfines que lo llevaron, agarrado a sus aletas, al puerto más cercano en Corinto.

Cuando los ciudadanos de Corinto vieron llegar a un hombre escoltado por delfines no daban crédito a lo que veían. Y, mucho menos cuando reconocieron al hombre, ¡era Arión!

- ¡Arión!, mirad a ¡Arión! gritaban emocionados.

Arión le daba las gracias a los delfines:

- ¡Gracias amigos!, ¡Que Poseidón os proteja para siempre!

Los delfines se pusieron derechos para responderle: parecían que reían, satisfechos de salvarlo. Jugaron durante unos minutos entre las olas y después nadaron hacia mar abierto hasta desaparecer en el horizonte.

Cuando los marineros llegaron a puerto explicaron que una tempestad terrible hizo caer al célebre cantante por la borda, pero fueron detenidos y obligados a devolverles las riquezas a Arión.

Y para que sus descendientes no se olvidasen nunca de este suceso, los habitantes de Corinto esculpieron una estatua que representaba a un hombre transportado por un delfín.

Desde entonces los humanos saben que los delfines son los únicos animales que espontáneamente les muestran amistad.



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