Un día un vaquero del Rancho Manchado salió a dar un paseo y… ¡se perdió!
Como no tenía brújula para orientarse le era imposible saber la dirección que tenía que tomar para regresar al rancho
Estaba muy cansado y se dispuso a dormir sobre la arena del desierto. Pero, por la noche estaba muy dura y fría.
Entonces subido a su caballo hizo girar el lazo con mucha fuerza y lo lanzó hacia el cielo para cazar una nube muy pequeña que le haría de almohada.
De nuevo hizo girar el lazo, esta vez con más fuerza y cazó una nube más gorda y grande que le haría de cama.
Así fue como el vaquero durmió feliz toda la noche sobre las dos nubes.
Por la mañana cuando se despertó las nubes le pidieron regresar al cielo porque sino el sol del desierto podía disolverlas. A cambio, le guiarían en su camino de regreso al rancho.
Como confiaba en ellas el vaquero las devolvió con su lazo al cielo.
Las nubes cumplieron con su palabra y lo guiaron por el desierto de regreso al Rancho Manchado…
Al llegar al rancho el vaquero quedó tan contento que cogió su banjo y se puso a tocar una canción dedicada a las nubes que lo salvaron.
Desde entonces, todos los días al atardecer, muchas nubes se paran sobre los ranchos. Van a escuchar a los vaqueros que, después de su trabajo, toman sus guitarras, banjos y armónicas y cantan para ellas sus hermosas canciones agradecidos por salvar a un camarada.
En lo alto de las montañas vivía un vaquero que tenía unas vacas de color blanco, porque en aquellos tiempos todas las vacas eran de ese color.
El vaquero adoraba la leche y todas las noches y todas las mañanas bebía un buen vaso.
Esa mañana salió a buscar las vacas pero no las encontró. Buscó y buscó por toda la montaña, pero nada. Miró en los pozos, en el río y ¡hasta debajo de la cama! ¡Pero nada! Las llamó por su nombre: Margarita! Candela!
Y de repente escuchó: MUUUU!, MUUU!
Claro!, ¡ya sabía lo que había pasado! Las vacas al ser tan blancas no se distinguían en la nieve.
Para que no le volviera a pasar las pintó de negro. Y se fue para casa.
Al llegar la noche le entraron unas ganas tremendas de beber leche y salió a ordeñar las vacas. Pero como era de noche ¡no las encontró!
Buscó y buscó por toda la montaña. Miró en los pozos, en el río y ¡hasta debajo de la cama! ¡Pero nada! Las llamó por su nombre: ¡Margarita! ¡Candela!
Hasta que escuchó un ¡MUUU! que lo dejó sin sentido.
Por la mañana tenía un disgusto tremendo. Lloró durante tres días hasta que se le ocurrió una idea…
Cogió un bote de pintura blanca y como ya estaban pintadas de negro les hizo unas manchas blancas. Así las manchas blancas y negras serían visibles tanto con nieve como en la oscuridad.
De este modo fue como pudo leche tranquilo todos los días y por eso, desde entonces, las vacas tienen manchas blancas y negras.
Celebró una fiesta con sus amigos los vaqueros de las colinas, con canciones vaqueras, de comer SOPA DE JUDÍAS PINTAS y de beber…¡LECHE, claro!
Al conocer esta historia a todos los niños les acaba gustando la leche y ¡las vacas! y lo demuestran cantando una divertida canción. ¿Te apetece aprenderla?
Carola era una vaca que vivía en el prado del Rancho Grande. Cada día masticaba hierba, meneaba la cola e iba al establo para a que la ordeñaran junto con las otras vacas.
No era una vida muy excitante pero era la única que conocía.
Un día, mientras mascaba una poca hierba, al mirar al cielo quedó asombrada al ver un cartel en el que una vaca daba coces y un vaquero la perseguía con un lazo.
Y quedó muy intrigada con ese asunto.
El sábado vio cómo llegaban coches y autocares al campo de al lado y que la gente iba entrando en una gran tienda.
Escuchó cómo sonaba música y aplausos . Entonces Carola no aguantó más cogió impulso, corrió, corrió...y…de un salto pasó por encima de la valla del rancho y ¡aterrizó en el campo de enfrente!.
Estaba contentísima. Por fin iba a saber qué es lo que ocurría allí dentro.
Claro, las otras vacas pensaban que estaba un poco loca pero a ella le daba igual.
Encontró una rendija por donde asomar la cabeza y mirar. Allí estaba el vaquero del cartel, montando un caballo con una cuerda en la mano, intentando atrapar a una res.
Con un movimiento de muñeca lanzó la cuerda por el aire, ésta voló y atrapó a la vaca que cayó al suelo.
Carola se enfadó mucho. ¡Así no se tratar a una vaca!. Pero la gente aplaudía, silbaba y pedía más.
De repente una mano le dio un azote en el trasero.
- Te toca a ti. Le dijo.
Y se encontró en el medio de la tienda. Todo el mundo la miraba y el vaquero comenzó a girar el lazo. O lazo voló por el aire y…Carola saltó. La cuerda pasó rozándola, se enganchó en una valla y el vaquero cayó dando tumbos por el suelo.
El vaquero estaba muy enfadado. Recogió el sombrero y el lazo y volvió a subir al caballo.
Esta vez Carola saltó mucho más alto, el vaquero voló por el aire y cayó encima del tío Karl que estaba comiendo un helado.El público reía, aplaudía y pataleaba.
Carola se sentía muy feliz, ¡qué bien lo estaba pasando! ¡Era mucho más divertido que pastar hierba y que la ordeñaran!.
Saludó al público que la aplaudía entusiasmado.
Ahora el cowboy estaba enfadadísimo. Amenazó a Carola con el puño y otra vez lanzó el lazo, con un rápido movimiento de la muñeca.
Pero esta vez Carola no saltó sino que hizo el pino. Cuando el lazo llegó le dio una patada y éste fue dando vueltas para caer alrededor del vaquero.
El público gritaba: ¡bravo! Era el mejor rodeo habían visto en muchos años!.
Al vaquero aún le quedaban fuerzas. Estaba furioso. ¡Ninguna vaca se iba a burlar de él!
Pero Carola hizo eso y mucho más. Cada vez que intentaba atraparla esquivaba el lazo: saltaba, se agachaba, hizo volteretas y ¡hasta un salto mortal de espaldas!
El vaquero por fin tuvo suficiente y se quedó rendido encima del caballo. ¡No podía más! Derrotado por una vaca! Y el tío Karl que tenía mucho ojo, comprendió que esa vaca era una estrella. Fue a hablar con los dueños del Rancho Grande y les compró a Carola.
Carola dejó de ser una vaca de rancho para pasar a ser “CAROLA LA FANTÁSTICA”, la estrella del espectáculo del tío Karl. Ella era la vaca más feliz del mundo, HIIIJAAA!
Me gustan los cuentos de todos los sabores, de todos los colores, de todos los olores...pero, mis preferidos son los que cuenta un niñ@ especialmente si se narran a través de la ilusión de sus dibujos.
Aquí encontrarás un rincón donde la fantasía, la imaginación, los valores y la emoción tienen su hogar.
Pedro tenía una cometa que le cantaba cada vez que la izaba al vuelo - Súbeme más alto Pedro!. ¡Arriba, arriba! Éste emocionado le hacía caso y la elevaba un poco más. Cuando no hacía viento la cometa no podía volar, por lo que pasaba el rato contándole a Pedro lo que veía desde lo alto del cielo y él quedaba muy asombrado con lo que decía: - Veo niñ@s, niñ@s que me miran y sonríen, me señalan y me dicen ¡guapa!. Danza en el aire, baila tu canción, ¡cuentanos un cuento lleno de emoción!. Por eso, cada vez que los niñ@s ven una cometa son felices porque escuchan su canto convertido en un relato.Hoy voy a poner mi cometa a volar ¿quieres ser feliz oyéndola cantar?.