COMETA

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lunes, 17 de enero de 2011

CUENTO "ÉRASE UNA VEZ LA PAZ"



Había una vez una Paz pequeña, muy pequeña. Una Paz débil; tan débil que cualquier viento frío la hacía estornudar y una pequeña brisa caliente le hacía sudar hasta derretirse.


Tan enferma estaba que en todos los sitios había guerras; guerras frías, guerras calientes, guerras de todas las clases.

La Paz mandaba sus palomas a todas las partes del mundo; pero las palomas eran tan débiles como la Paz. Unas se quedaban amedio camino debilitadas por el esfuerzo; otras eran atacadas por los halcones de la guerra; algunas llegaban a su destino pero su aspecto era tan triste que todo el mundo se reía de ellas.

¡Pobre Paz y pobres palomas!

Unos médicos le hicieron un reconocimiento:

- Muchas bombas atómicas- recetó uno.
-Tanques, cañones y fusiles; muchos fusiles, miles y miles de fusiles- aconsejó otro.
- Misiles, granadas, balas...-dijo un tercero.

La armaron hasta los dientes.

Esto, en vez de fortalecerla, trajo más miedos, más odios, más enemistades y como consecuencia más guerras.

Y es que a la Paz no le sientan bien las armas, y las palomas lo único que acostumbran a llevar es un ramito de olivo en el pico.

La Paz cada día estaba más enferma. Muchos pensaron que se moría. El cielo se llenó de halcones y las palomas no se atrevían a salir.

Y vinieron otros médicos.

- ¡Nada de bomas atómicas, tanques, cañones, fusiles, misiles, granadas y balas!- dijo uno.
- Lo que necesita son inyecciones de generosidad, mucha generosidad- opinó otro.
-Y vitaminas de comprensión, píldoras de justicia, pastillas de cultura, jarabes de amistad, gotas de sonrisas...-continuó un tercero.

La Paz se fue recuperando y con ellas las palomas que, al no cansarse de volar, se enfrentaban valientemente con los halcones y llegaban todas a su destino, en donde eran respetadas y nadie se reía de ellas.

Y las guerras se acabaron. Ya no hubo ni guerras frías, ni calientes, ni de ninguna clase. En el cielo sólo se veían palomas.




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