COMETA

martes, 5 de julio de 2011

CUENTO "LOS CABALLONES BLANCOS"

Había una vez un artista que vivía con su familia en una casa junto al mar. En verano iba a la playa y hacía animales con arena, sobre todo caballos, porque decía que eran los animales más bonitos del mundo.

Una mañana el artista se despertó y encontró que había en el mar enormes crestas blancas sobre las olas.

- ¡Mira! ¡Caballones blancos!- dijo su mujer.

Cuando el mar está agitado, la gente llama "caballones" a las olas.

El artista vió los caballos, en la bahía, galopando y zambullendose e inspirándose en ellos decidió que la escultura de arena de ese día sería un caballo.

Fue a la playa y lo primero que hizo fue coger agua del mar y echarla sobre la arena seca, luego separó y modeló la arena con sus manos. El caballo empezó a tomar forma: los músculos y las patas, la cabeza alzada y las crines encrespadas...

El artista trabajó hasta que se puso el sol y cuando empezó a hacer frío, se volvió satisfecho a su casa.

El caballo de arena se despertó. Estaba vivo, pero no podía moverse. Oyó las gaviotas, oyó el eco del mar y, a lo lejos, oyó el relincho de los "caballones blancos"

- ¿Qué están haciendo?- preguntó el caballo de arena a las gaviotas.

- Se encabritan, saltan y agitan la cola -le respondieron.

El caballo de arena intentó moverse. Imaginaba que era un caballo al galope, pero estaba clavado en la arena y no podía ir con ellos.

- ¡Ven con nosotros! -le gritaban los caballones blancos.

El mar rompía contra la orilla, hasta que una ola enorme le cubrió las crines, la cabeza, las patas... y entonces el caballo de arena sintió que las olas le elevaban; relinchó y agitó las crines. A su alrededor los caballones blancos saltaban sobre las olas y se zambullían.

Después se alejaron galopando y el caballo de arena se fue con ellos.

A la mañana siguiente, la gente dijo:  "¡Qué pena! El mar se lo ha llevado".

Pero el artista sonrió. Él sabía adónde había ido su caballo de arena...
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