COMETA

viernes, 13 de noviembre de 2009

CUENTO "EL SOL Y EL ERIZO"



Hace muchísimos años, el Sol decidió casarse e invitó a todos los animales de la Tierra a celebrarlo.

El erizo, al conocer la noticia, se escondió en un agujero porque a él no le apetecía acudir a la boda.

El Sol decidió ir a su casa personalmente para invitarlo pero, por más que lo buscó no pudo encontrarlo.

Para asegurarse de que no faltara a la celebración, les pidió a los vecinos que le comunicaran el mensaje.

Al marcharse el sol los vecinos encontraron sin problemas al erizo y le transmitieron el mensaje: no debía faltar a la boda del sol.

Como era imposible decir “no” al Sol el erizo se reunió con el resto de los animales y fue a la celebración. Todos iban entusiasmados menos él, que no dijo ni una palabra en todo el camino.

Al llegar al palacio del Sol, los invitados se sentaron a comer y a beber, encantados con el festejo.

Pero el erizo prefirió irse a un rincón a roer una piedra que había traído consigo.

Pasado un rato, se abrieron las puertas principales y una gran ola de luz y de calor invadió la sala.

Era el sol que, emocionado, invitó a todo el mundo a bailar y a divertirse por todo lo alto. Y el erizo siguió en su rincón, royendo la piedra.

¿Qué haces, erizo?- preguntó el Sol- ¡Deja esa piedra y disfruta de la fiesta! ¡Pronto será mi boda y quiero que todo el mundo esté contento!

- No puedo. Estoy muy preocupado porque pienso que si, hasta el momento, eres el único Sol y ya hace bastante calor sobre la Tierra, ¿qué sucederá cuando tengas hijos Soles?

Las plantas se secarán, la Tierra se convertirá en un desierto… Y será mejor para nosotros, los animales, que nos vayamos acostumbrando a comer piedras, para que cuando sobre la Tierra no quede nada más, éstas no nos sepan tan mal.

El Sol se quedó muy pensativo. Salió de la gran sala de su palacio y, sentado en su trono, se quedó meditando sobre lo que había dicho el erizo.

Después de un tiempo les dijo a todos:

- Amigos, tendréis que volver a casa. He decidido, por el bien de todos, no casarme. Su amigo el erizo tiene razón: no puede haber sobre la tierra más que un sol; si yo llegara a tener hijos Soles, todos los animales y las plantas morirían de calor.

Los animales, al verse privados de su fiesta se enfurecieron y quisieron pegar al erizo. Pero éste se había escondido.

Solo salió al ver que ya no había nadie amenazándole.

En aquel tiempo, el erizo no tenia púas, pero el Sol, agradecido, se las regaló para que pudiera protegerse.

Así podría caminar en adelante tranquilo sobre la tierra.

Mientras el sol, al comprender lo importante que es mantener el equilibrio en la naturaleza, siguió reinando en solitario

(Cuento de Bulgaria)

Y el erizo desde entonces es muy, muy feliz...

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