COMETA

martes, 2 de febrero de 2010

CUENTO "LA FLOR DE AMANCAY"

Hace muchos años, la tribu de los Vuriloche habitaba en los valles del sur de los Andes. Quintral, el hijo del gran jefe, era el joven más apuesto y valiente de la tribu. Su corazón ardía enamorado de una bella muchacha llamada Amancay.

Un día, la tribu de los Vuriloche se vio afectada por una grave epidemia y Quintral enfermó. En medio del delirio, el joven sólo repetía una palabra:

- ¡Amancay, Amancay!

El gran jefe, preocupado por el grave estado de su hijo, hizo llamar a la joven con la esperanza de que su presencia le aliviara en algo. Pero Amancay ya no estaba en la aldea. Tratando de hallar el remedio que salvara a su amado, la muchacha había acudido a la vieja hechicera.

- Solo una infusión de una flor cortada en la cumbre más alta de los Andes puede terminar con su mal- le dijo la anciana.

Sin pensarlo, Amancay trepó a la cima de la montaña donde se hallaba la hermosa flor solitaria. Justo cuando iba a arrancarla, la sombra del cóndor, guardián de las cumbres, la detuvo.

- Nadie puede robar la flor de mis montañas- dijo amenazante el ave.

Entre sollozos, la joven insistió tanto que el cóndor al fin propuso un trato:

- Yo mismo llevaré la flor a tu amado si me entregas tu corazón.

Amancay aceptó y el cóndor voló majestuoso con la flor hasta el valle donde vivía Quintral, quien sanó gracias a ella.

Durante el vuelo, pequeñas lágrimas rojas brotaron de los pétalos de la flor y fueron cayendo por el camino. Y de cada lágrima nació una nueva flor.

Desde entonces, esas hermosas flores reciben el nombre de Amancay y son el símbolo del amor: quien regala una flor de Amancay entrega con ella su corazón.

Y cada vez que el cóndor alza su vuelo siempre se oye un lamento, el lamento de Quintral por la pérdida de su amada. Escucha... escucha al viento...


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