Имало едно време... o Érase una vez un zar que, hace tiempo, publicó un edicto en el que decía:
- " Quien sea capaz de matar esta piedra, se convertirá en el número uno del imperio".
A la cita acudieron hombres de todo el país, pero nadie era capaz de entender cómo se podía matar una piedra.
Entonces se presentó a la prueba una chica, disfrazada de hombre, y le dijo al zar:
- "Zar, si quieres que mate a la piedra, antes tendrás que darle un alma, y si así no la mato, quédate con mi cabeza".
El zar se quedó maravillado con aquella respuesta magnífica y le propuso un reto nuevo:
- "Si consigues esto que te estoy a pedir, serás como un hijo para mí. De aquí tres días tienes que venir de nuevo a palacio, cabalgando y no cabalgando; debes traer un regalo y no traerlo, y debes conseguir que la gente te reciba y no te reciba".
Pasados los tres días, la pastora guardó tres liebres en sacos y se las dió a unos campesinos; les pidió que las soltasen cuando se lo ordenara. Además llevó consigo dos palomas y una cabra.
El zar y muchos ciudadanos salieron a recibirla, pero cuando se acercaron, ella ordenó a los campesinos que soltaran las liebres y toda la gente salió detrás de ellas para cazarlas. Como venía montada sobre una cabra a veces apoyaba los pies en el suelo y otras los levantaba, dando la sensación de que cabalgaba sobre ella. Y, cuando por fín llegó hasta el zar, sacó dos palomas y se las dió como regalo pero en ese momento se echaron a volar.
Entonces dijo: "la gente me recibió y no me recibió. Vine cabalgando pero no y te traje un regalo y, sin embargo, no".
Habló entonces el zar, maravillado por la inteligencia demostrada, con voz potente: "de hoy en adelante serás para mí como un hijo".
Bueno... es que soy una mujer. Respondió ella.
Fue así como el zar decidió casarse con ella y, gracias a su inteligencia, la pastora se convirtió en zarina.
Me gustan los cuentos de todos los sabores, de todos los colores, de todos los olores...pero, mis preferidos son los que cuenta un niñ@ especialmente si se narran a través de la ilusión de sus dibujos.
Aquí encontrarás un rincón donde la fantasía, la imaginación, los valores y la emoción tienen su hogar.
Pedro tenía una cometa que le cantaba cada vez que la izaba al vuelo - Súbeme más alto Pedro!. ¡Arriba, arriba! Éste emocionado le hacía caso y la elevaba un poco más. Cuando no hacía viento la cometa no podía volar, por lo que pasaba el rato contándole a Pedro lo que veía desde lo alto del cielo y él quedaba muy asombrado con lo que decía: - Veo niñ@s, niñ@s que me miran y sonríen, me señalan y me dicen ¡guapa!. Danza en el aire, baila tu canción, ¡cuentanos un cuento lleno de emoción!. Por eso, cada vez que los niñ@s ven una cometa son felices porque escuchan su canto convertido en un relato.Hoy voy a poner mi cometa a volar ¿quieres ser feliz oyéndola cantar?.
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